En Olivenza… Un entusiasmado público dio muchas orejas

Olivenza (Badajoz). Cerca de media entrada del aforo permitido. Toros de Núñez del Cuvillo, justos en presencia, algunos cómodos de cuerna y mansos; no pelearon con los caballos, más bien se defendieron aventando cornadas de mansos.

Antonio Ferrera: Oreja y dos orejas.

Morante de la Puebla: Ovación y dos orejas.

Ginés Marín: Oreja y ovación.

Detalles:

Tras romper el paseíllo se guardó respetuoso minuto de silencio en memoria de las víctimas de la Covid -19.

Ya se está haciendo una excelente tradición escuchar  el Himno Nacional de España.

Tras parear al primero y cuarto Manuel Montoliú, Fernando Sánchez y Javier Valdeoro fueron ovacionados.

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El obligado encierro que se ha vivido en todo el mundo y en especial en España por la pandemia ha provocado que el público mantenga contenidos muchos sentimientos y tan pronto regresa a la libertad que da una plaza de toros quiere recuperar el tiempo perdido. Esta tarde en cuestión no ha sido la excepción y ha decidido conceder a la terna sendas orejas por faenas correctas pero no trascendentes.

Por ejemplo, le ha otorgado a Morante dos orejas por una faena correcta y quizá abusando de contorsiones el cuerpo al margen de reponer el terreno con un toro obediente. Un astado dócil que le permitió estar a gusto y sin complicaciones.

Así pudo consolidar una de esas faenas que llaman bonitas, a las que les hace falta la emoción del toro bravo. Así aparecieron pases de cierta belleza, lo que les hizo recordar a las buenas conciencias la necesidad de recuperar aquella tauromaquia en donde el toro bravo y encastado sea la esencia del arte del toreo.

Así entusiasmados los asistentes por los diferentes episodios de un toreo sin complicaciones y facetas agradables al final después de una estocada le han autorizado a Morante lucir dos orejas.

Ya había conseguido, Morante, buenos momentos con su bonancible primero al que no le pudo hacer nada con la capa. Extrajo series con ambas manos a un toro que iba lento en su andar por falta de bravura y apenas un suspiro de casta. Tras un pinchazo y otra estocada le dieron una oreja.

Ferrera es el caso de un torero que ha dado en imitar al torero mexicano Pana, pero esa no es su tauromaquia. Se le extraña aquel buen toreo que comenzó hacer antes de su breve retirada de los ruedos. No necesita de esos episodios en los que hasta contorsiona el cuerpo.

Una oreja cortó a su primero al que dejó algunos lances a la verónica. Una faena que poco acabó dejando para la posteridad por la evidente mansedumbre y desfasamiento del burel. Dejó una estocada.

Con su segundo, sumó pases correctos con un toro que su mansedumbre le obligaba a ir con la cabeza a media altura. Y como lo está haciendo ahora, se va a varios metros de distancia para hacer la suerte suprema caminando al toro con la gracia de Llapisera. Tras estocada defectuosa le han dado dos orejas.

Ginés Marín es un buen torero que puede llegar a más. Por ejemplo al inicio de su primera faena a pies juntos y pases por alto nos anunció algo que podía llegar a más. Con base en su técnica se hizo del descompuesto, violento ejemplar dejando una faena interesante por ambas manos. Cortaría una oreja, aunque hubo petición entusiasta de la segunda.

Con el que cerró plaza, dejó un recibo capotero de calidad con lances a la verónica. Para proseguir tras el tercio de varas con ceñidas chiquilinas. La faena fe empeñosa con un huidizo toro que había hecho su querencia accidental en las tablas, por supuesto, por su mansedumbre. Faena de cercanías y acabó convenciendo al muy feliz público. Al final el acero le jugó una mala pasada.

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