En la Opinión de Pepe Mata… Emilio de Justo el loable ejemplo del nunca claudicar

¡Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino”: Ludwig Van Beethoven

Llegó, Emilio de Justo (Torrejoncillo, España 16 de Febrero 1983), a la Monumental Plaza de Las Ventas con su verdad por delante. Una verdad que le ha llevado a luchar sin tasa ni medida para conquistar su más caro objetivo… la cima de la tauromaquia; una verdad que nunca le ha permitido claudicar, incluso, hasta cuando en los momentos más aciagos la marginación sufrida le atormentó el espíritu.

Nunca claudicar… ese es el camino.

Si bien es cierto que esta tarde ha escrito en el redondel de Las Ventas una importante sonata beethoviana, por decir la Waldstein, anunció que en un futuro cercano aparecerán las sinfonías que cimbrarán al espíritu de los diletantes taurinos, por el sólido contenido de la pasión bien entendida.

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Y, sí, Emilio ha estado firme y hacia más. A pesar de que ciertas consciencias intenten demeritar lo que pasó en el redondel la realidad dice otra cosa.

El arte no es un anécdota que aparece en la vida como caído del cielo ni algo que se encuentre en el Google y convierta a quien lo lee en erudito.

El arte va más allá de la medianía que tanto daño le ha hecho a la tauromaquia y exige que se profundice con honestidad.

Victoriano del Río envió al coso titular del mundo una mansada, así de simple y sencillo, una mansada. Muy a pesar de que la prensa corrupta intente convencernos de lo contrario.

Los seis toros fueron mansos porque no pelearon con los caballos, porque hasta donde se entiende… estrellarse en el peto, huir o quedarse a dormir el sueño de los justos o aventar cornadas arriba del peto para deshacer el encuentro, eso no es sinónimo de bravura.

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Ahora, si el tercio de varas ya no evalúa ni mide la bravura y se convierte en un complaciente trámite para justificar a la mediocridad, habrá entonces que redimensionarlo; porque justamente esta y otras falsedades que han hecho mucho daño al arte del toreo en los últimos 30 años son la consecuencia de un sistema ambicioso y decrépito, manipulado por los figurines y aceptado por los complacientes empresarios y ganaderos, por supuesto, con el apoyo de la prensa corrupta.

De esta forma, consiguieron devaluar la verdad convirtiendo todo en una Fiesta menoscabada en donde aquel toro bravo y encastado pasó a ser un bovino dócil, obediente y con cómoda movilidad.

Y, el toro bravo no es ni obediente ni dócil y su movilidad está sustentada en la casta que le da poder para atacar.

Emilio tuvo tres toros con diferente mansedumbre a los que les impuso su imperio. Su primero, que iba caminando y había que encelarle para llevarlo a buen puerto. Al tercero del festejo, si bien tuvo casta era violento y resultaba necesario atemperarlo con el fin de conseguir momentos de exquisita brillantez. Y, el sexto que todo hacía ver resultaría ilidiable, Emilio, consiguió extraerle impensable faena. Si bien fueron pocas series las que pasó alrededor de su geografía corpórea es una inobjetable verdad que trazó soberbios pases con la derecha y, sobretodo, unos naturales absolutamente luminosos.

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El señor De Justo merced a su sólida tauromaquia, a su serena inteligencia a su inequívoca sensibilidad hizo ver mucho mejor de lo que fueron los tres mansescos toros; porque encontró la lidia correcta a cada uno.

Que en su primero quedó desprendida la espada, la faena fue superior y eso valoró el público; que si en su segundo le dieron dos orejas, bueno, el haber transformado la violencia en un conducto para acudir y crear brillantes momentos escultóricos con ritmo y armonía, lo merecía.

Y, lástima grande que por la espada y dos pinchazos hubiera perdido, en el que cerró plaza, el premio por imponerse a un marmolillo y obligarlo a acudir en una faena de suma importancia.

Emilio enfrentó en mano a mano a un torero gracioso, bullanguero, Antonio Ferrera, quien prefirió abandonar el buen toreo que sabe hacer, por mezclar otras tauromaquias que no van con él, como la de El Pana y la distorsiona tanto que en más de las ocasiones parecen momentos cantinflescos (ahí están las imágenes de Cantinflas toreando) y si a esto le agregamos que al final rememora al Bombero Torero citando de largo, de muy largo al astado para ir caminando con jocosidad y así vender más el hecho, las cosas comienzan a tener menor seriedad y se convierte todo en una mala parodia.

Al final, Emilio conquistó con solidez la Puerta Grande del coso venteño y le vimos salir en los hombros de los cabales, de todos aquellos que le han visitado en las horas difíciles y ahora celebran con él la miel de triunfo.

Ahí estaba su apoderado, Alberto García Buj, mirando desde el callejón junto con el Maestro César Rincón el jubiloso reconocimiento del público; y sí, que vengan más triunfos porque el no claudicar merece siempre ser recompensado. Que va a ir a más el torero de Torrejoncillo, eso ni la duda cabe, un artista está en constante evolución.

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Seguramente se le verá en todos los ruedos de España, de Francia, de Portugal y necesariamente deberá comparecer en América, confirmar su alternativa en la Monumental México se hace necesario, porque un artista siempre será del gusto de todos los públicos.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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