En Aguascalientes… Para San Román dos orejas, para el juez las protestas

Aguascalientes. Domingo 23 de Febrero. Las añejas puertas de la San Marcos abrieron nuevamente para dar inicio al serial menor, esta tarde la centenaria se adornó con tres cuartos de aforo. Se lidiaron astados de la ganadería debutante Puerto del Cielo desiguales en presentación y que dejaron mucho que desear en su comportamiento.

Juan Pedro Llaguno: Al tercio y al tercio.

Eduardo Neyra: Oreja y Silencio tras aviso.

Diego San Román: Dos orejas con protestas y silencio.

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Vibraba el alma taurina de esta tierra, la afición anhelaba la llegada de las novilladas para dar rienda suelta a su pasión. Todo estaba puesto, un cartel interesante, un ambiente sensacional, una gran entrada, pero al final no todo salió a pedir de boca, la materia prima quedó a deber y…

… el que se pasó de dádivas fue el señor juez, quien se robó el protagonismo regalando trofeos y reconocimientos inexistentes, haciendo que la gloria de otrora de esta plaza, hoy sea mancillada.

El triunfo numérico fue para el joven queretano Diego San Román, que tiene buenas maneras, es elegante y tiene con qué caminar en esta profesión, por ello no necesita flacos favores de parte de la autoridad.

Su faena al justo de presencia que hizo tercero de la tarde, comenzó variada con la capa y de muleta por bajo, tersos muletazos y cambios que tuvieron respuesta desde el tendido, en un principio el astado tuvo cierto recorrido y el joven aprovechó dándole extensión a cada muletazo, pero luego la labor, el novillo y la intensidad vinieron a menos.

El espada estuvo empeñoso, mientras el burel terminó soseando y con la cara arriba. Toro y torero carecieron de transmisión, la historia se volvió intrascendente y tras matar de estocada trasera y caída el juez sacó los dos pañuelos, guiado por unas cuantas peticiones extraviadas y en acto visceral se encaró con el tendido y con ademanes pantomimus, hizo notar que: “no las otorgaba porque él quisiera, sino porque se las pedían”, deslindándose totalmente de su responsabilidad de premiar con cabalidad, con justicia, con honradez y torería.

Y para colmo otorgó un arrastre lento inmerecido que provocó las airadas protestas y la incredulidad.  El joven coleta tuvo que pechar con la gresca, en una muy reprobada vuelta al ruedo.

Y a todo esto señor juez Don Ignacio Rivera Río, recuerde lo que dice un refrán “Exagerar y mentir, por un mismo camino suelen ir” así que para usted sólo dos palabras: ¡Sea serio!

El cierra plaza para San Román fue una nube negra, por más que intentó agradar las cosas se le pusieron complicadas, entregado y voluntarioso pero el novillo no lo dejó mostrar su toreo. Se fue en silencio.

El sabor de un dulce, así fueron los detalles que dejó en el ruedo Juan Pedro Llaguno, el joven tuvo instantes de alta calidad en ambas faenas y aunque ninguna de ellas terminó por redondearse, sí dejó en claro que tiene madera.

La primera de ellas fue una labor voluntariosa, de estar siempre en la cara de astado, momentos pintureros y otros en los que no le dejó interpretar su prosa muleteril. Terminó aquerenciado y Llaguno al pie del cañón, entera y salida al tercio.

Con su segundo un negro de mejor presencia estuvo muy acertado con la capa, colocó banderillas en buen sitio y de muleta inició por alto para rematar la primera tanda con un desdén mágico, prosiguieron otras por derecha, aunque sin mucho temple.

Llaguno nunca desistió, probó por izquierda sin obtener la trasmisión requerida. Más momentos de alto quilataje pero aislados, desplantes rodilla en tierra y a cerrar con media estocada. La gente nuevamente lo invitó a saludar en el tercio.

Garra y valentía definen a Eduardo Neyra, el oriundo de Durango posee una interesante conexión con el tendido y una actitud de triunfo. A él le correspondió el novillo con mayor potencial del encierro al cual recibió rodillas en tierra, en el centro del redondel para conseguir tres largas afaroladas y llevarse los fuertes olés.

Alegre y buscando pelea continuó el de Puerto del Cielo para que Neyra lo aprovechara quitando por tafalleras, gaoneras y remate con revolera.

Llegado el último tercio el novillero puso rodillas en tierra y emocionó a los tendidos pasándoselo por derecha, de pie una más por ese mismo lado, el cambio por delante y el remate de pecho saliendo sereno del encuentro. Probó el izquierdo, pero pronto se dio cuenta que no era el camino correcto.

Regresó a la diestra esta vez sin encontrar ligazón entre muletazo y muletazo, pero conectando con la gente al acortar las distancias, aguantó unos cuantos parones y logró algunos de vuelta entera. En general una faena de valor, sin eslabonarla del todo, pero teniendo ese fervor que debe caracterizar a todo el que se presuma ser novillero. Mató de estocada entera en buen sitio y se ganó una oreja.

Con su segundo un cárdeno de mejor presencia y serio de pitones, lo recibió con largas al hilo de las tablas, le siguieron las gaoneras y revoleras. Luego de la pelea en varas quitó por chicuelinas y tafalleras.

Con las rodillas en tierra citó al astado y le cambió el viaje hasta en dos ocasiones, nuevamente alborotando al tendido. De pie, la primera tanda por derecha fue un tanto acelerada, el joven disminuyó las distancias, pero el astado no se la ponía fácil, iba a media altura tornándose complicado.

Neyra no llegó a redondear su labor y finalmente el astado terminó distraído y amarrado al piso, el novillero extendió de más su faena, nuevamente se puso de rodillas queriendo cambiar un manuscrito que ya estaba terminado, muy mal con las espadas hasta escuchar un aviso y se fue entre el frío silencio.

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