En Sevilla… Uceda Vargas y Solalito hacen méritos

Sevilla. Jueves 2 de mayo 2019. Real Maestranza de Caballería. Segunda novillada del Ciclo de Promoción de Nuevos Valores de la Torería. Se lidiaron erales de Villamarta, bien presentados y de variado juego. Extraordinarios 1º y 2º. Complicado y correoso el 4º y mansos los 3º, 5º y 6º.

Uceda Vargas (Escuela Municipal de Tauromaquia de Camas): Oreja.

Manuel Rueda (Sevilla): Vuelta tras petición.

Christian Parejo (Chiclana de la Frontera): Silencio tras aviso.

Antonio Romero (Escuela de Tauromaquia de Sevilla): Vuelta tras petición.

Solal Calmet Solalito (Escuela Taurina del Campo de Gibraltar): Oreja.

Rafael León (Escuela Taurina Diputación de Málaga): Silencio tras aviso.

Detalles:

En la enfermería fue atendido el banderillero Francisco Monroy Ferrete de una “contusión en pie izquierdo en región posterior nivel del calcáreo. Se recomienda estudio radiológico”.

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El novillero de Gerena y el joven francés tocan pelo en una variada novillada de Villamarta en la que destacó a parte de dichos trasteos, el de Rafael León. Pasearon una vuelta al ruedo los sevillanos Antonio Romero y Manuel Rueda.

Con mejor entrada que en la primera de ciclo, anocheció en la Real Maestranza en una nueva cita para disfrutar de los nuevos valores de la tauromaquia. La variedad siempre ha enriquecido todo ámbito palpable y disfrutable de esta vida, y así fue una vez más. Hubieron diferentes conceptos sobre el tapiz amarillo de la plaza de toros de Sevilla.

Uceda Vargas se hizo ver con un sobrio y poco lucido saludo capotero a un primero que fue extraordinario. La lidia nunca favoreció al desarrollo de mejores facultades por parte del animal, que humillaba y tenía recorrido. Los innumerables capotazos disminuyeron estas cualidades, pero para el bien del joven de Gerena, supo aguantar en la muleta el delicado y buen hacer del novillero. Se lo sacó a los medios andándole hacia atrás (factor que ayudaría bastante en el desarrollo del trasteo) y ahí, supo hacer que la intranquilidad de torear en una de las plazas más importantes del mundo, se desvaneciera. Series templadas por ambos pitones y rematadas con toreras salidas de la cara del oponente, le valieron una oreja justa. Ovacionado el de Villamarta.

Fue un segundo de muy similares hechuras, el que protagonizó el capítulo. Manuel Rueda lidió un animal que se prestó siempre a embestir por abajo con casta y con un tranco de más que siempre gusta a los lidiadores de oro. En los medios, comenzó un trasteo que de corte fue inmejorable, pero, por lo contrario, faltó esa serenidad vista en el anterior acto. Acelerado estuvo el sevillano, pero no se le dejaron de ver las buenísimas formas que atesora. La mano derecha fue el conector hacia el público, habiendo un puñado de buenos derechazos. Como siempre he dicho, no ha de darse la oreja habiendo pinchado en una plaza de primera, así que tras ocurrir esto y ser bien negada por el presidente, paseó la vuelta al ruedo.

El tercero fue el más fuerte en cuerpo de la novillada. Apretado, bajo y serio en lo que permite un eral. Christian Parejo se vio delante de un novillo manso y complicado, que ni quería embestir y cuando lo hacía, pegaba arreones constantes. No tuvo opción y fue silenciado.

El cuarto de lámina, fue el más bello de todo lo lidiado en la noche. Un castaño claro que fue reservón y complicado en manos de Antonio Romero. El novillero de Sevilla, estuvo acelerado intentando ligar por abajo cuando había que pausarse e ir haciendo las embestidas desde un primer momento. No tiró de listeza el joven, y la faena nunca cogió vuelo. Hubo algún buen muletazo de bella factura. Con la espada, erró, y al segundo intento dejó una estocada baja, pero de gran efecto por la que se le pidió una oreja injustificable por parte del público. No llegué a reconocer a la Maestranza en esos momentos. Vuelta.

Para el quinto, otro negro tuvo que pisar el albero. En este capítulo, Sevilla descubriría a un novillero con un corte extraordinario de torero. Solalito templó a la verónica, y con la franela dejó ver un concepto puro del toreo, encajado en los riñones y muy torero. El novillo, rajado y desrazado, se dejó instrumentar varias series de templados muletazos sobre la mano derecha. Vislumbró la verticalidad de su toreo y el respetable se lo hizo ver con entusiasmo y atención en su hacer. Las cercanías y su toreo anterior, le valieron una oreja.

Para el último novillo de la noche, un Nº 44 al ruedo sevillano. Rafael León sería descubierto por la afición hispalense y los que estuvimos allí presente, vimos y apreciamos que el gusto puede estar presente en novilleros de corta y temprana edad. Con el capote arreó dando largas tras recibir a su oponente a portagayola. Con la tela roja, los remates de pecho, el encaje en cada muletazo y el regusto a toreo bueno, se dejaron ver. Se atascó con la espada y se fue la oreja con más sustancia de la noche probablemente.

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