En la Monumental México… Gerardo Adame, arte, entrega, inteligencia y afición inobjetables

Monumental Plaza de Toros México. Décima primera corrida de la Temporada Grande 2018-2019. Con una entrada, que sube sustancialmente con relación al festejo anterior, sumando aproximadamente unos siete mil asistentes, se han lidiado toros de San Mateo, propiedad de Don Ignacio García Villaseñor, cuyo denominador común fue su mansedumbre, descastamiento, el tercero desarrolló la casta mala, el genio. En momentos pareció una ganadería sin definición.

Federico Pizarro: Silencio y oreja.

Fermín Rivera: Pitos tras aviso y silencio.

Gerardo Adame: Saludó en el tercio tras aviso en ambos ejemplares.

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Antes de iniciar mi crónica, envío mi más sentido pésame a los familiares de mi querido amigo, George Washington José Humberto Guervara-Segarra, conocido en el ámbito periodístico taurino, como Jorge Guevara-Segarra. Magnífico cronista taurino, gran, gran en verdad gran amigo, de los que hacen falta hoy en día; y ha dejado de existir en Madrid este domingo, domingo de toros, durante el atardecer, cuando el sol todavía alumbraba las bardas y los ruedos del mundo. Descansa en paz querido amigo.

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En las muchas conversaciones que tuve con el inolvidable Maestro Pepe Alameda, hablando de los genios del arte, de pronto me dijo:

En esto del toreo es también como en el arte, un día Dios pone a un genio en Metapa, Nicaragua, y se puede llamar Rubén Darío, inmenso genio universal“.

Así ocurre en la tauromaquia.

Parafraseando al Maestro Alameda, me permito comentarle, lector amigo, “… un día Dios pone a un torero en Aguascalientes, y puede ser un gran prospecto a luminosa figura del toreo de nombre, Gerardo Adame”.

Y, no creo equivocarme.

Desde hace varios años, Gerardo Adame, me impresionó desde novillero por el concepto del toreo que posee, clásico, con serena inteligencia, de apasionada entrega y de una afición sin tasa ni medida.

Lastima grande, que no haya sido guiado con sabiduría, para consolidar con luminosidad los aciertos, y los errores transformarlos en venturosos aciertos.

Que la gente nos podemos equivocar, por supuesto, no somos Dios para vivir en la eterna perfección; y en eso se han ido refugiando, inexplicablemente, algunos de los que en su momento le ayudaron, y luego lo han dejado a la deriva.

Mal, muy mal.

Eso no se hace con un prospecto que puede llegar a ser luminoso, porque el incomprender a un artista, así sea incipiente, es un crimen de-lesa humanidad.

Gerardo llegó hace unos seis meses al cobijo de los empresarios de la Monumental de Mérida, Don Alberto Basulto y Don Alberto Hagar, así como del ganadero, Wilberth Cervera, y los resultados están viéndose.

Un joven con seguridad, que muestra sólido avance y eso habla muy bien de estos hombres de bien que le han dado la mano a Gerardo.

Y lo vimos justamente cuando salió su primero, con andar desordenando consecuencia de su mansedumbre, el joven Adame, comenzó con sabiduría lidiadora a recoger su caminar, para llevarlo a buen puerto, e iniciar a imponer su imperio.

Con la muleta, tras el brindis de agradecimiento a sus apoderados, prosiguió con esa línea, y desde el inicio se impuso con un prólogo contundente, para luego extraer una faena con la que enseñó los recursos, la disposición, el valor natural, la serena inteligencia, que le ayudaron a resolver el reto que tuvo frente a él.

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– Gerardo Adame brinda su faena a Don Alberto Basulto y Don Alberto Hagar, como símbolo de agradecimiento, por su importante apoyo

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¡Cuánto necesita toda es juventud el apoyo para poder mostrar y demostrar sus cualidades!

Y así, a pesar que el de San Mateo se detenía, y en momentos aventaba el hachazo a la geografía corpórea del torero, o se le iba casi encima, resolvía sin inmutarse y nos enseñaba que sin lugar a dudas, en él habita un gran torero, un gran artista del toreo.

Lástima grande que cuando tenía conquistado el triunfo, haya estado mal con el acero, y aunque se diluyó la posibilidad del trofeo, todos los ahí reunidos al unísono, le tributaron una estentórea batería de júbilo en el tercio, como símbolo de reconocimiento a su innegable pasión.

Pero esa pasión y esa entrega, continuaron más vivas, más intensas en el que cerró plaza.

Para entonces la lluvia que había hecho acto de presencia en el cuarto del festejo, era ya el diluvio universal, tormenta con viento que parecían imparables, y los ahí reunidos, conscientes de que estábamos empapándonos, no nos movimos, seguimos siendo testigos de la pasión encendida y mejor entendida del joven torero de Aguascalientes.

Y sí…

… sí, como sentenció el Maestro Pepe Alameda: “El toreo no es graciosa huida sino apasionada entrega“.

Ahí estaba, Gerardo Adame, con esa pasión y esa entrega acrecentadas desde con el saludo capotero que brilló con intensidad, para con la muleta, teniendo en contra el clima y un suelo fangoso, ir a más.

En ese momento recordé nuevamente al inolvidable Maestro Alameda: “Un paso adelante y puede morir el hombre; un paso atrás y puede morir el arte”.

Gerardo, estaba dando ese paso hacia adelante, extrayendo una faena portentosa por ambos lados, convenciendo sin tasa ni medida al público que en su mayoría se fue a refugiar a los palcos y a las lumbreras, para no perderse este acto heroico, este acto artístico, este acto de evidente trascendencia.

Ahí estaba ese joven quien durante un tiempo pareció olvidado, en este instante estaba explotando a través de su espíritu todo ese sentimiento guardando; y como buen torero, como buen artista, lo tradujo en los efímeros pero intensos momentos escultóricos, que se han sumado en el redondel del mayor coso del mundo.

Y cuando todos esperábamos verle salir en hombros, porque las dos orejas estaban conquistadas, el acero nuevamente le privó de esa gloria, pero nunca…

… ¡nunca!, del reconocimiento del público, que por supuesto, cuando sea nuevamente anunciado, irá gustoso a verle crear luminosas creaciones.

En medio de la tristeza de, Gerardo, al haber visto como se le esfumaron los trofeos, el público lo cobijó con una gran, en verdad, gran ovación de gala, como sinónimo de respeto, reconocimiento, admiración y cariño.

Y, sí, fue tan estruendosa como cuando suenan las campanas de la Catedral de Aguascalientes, que tañen de gloria.

Se retiró

Sí, se retiró, Federico Pizarro, tuvo dos ejemplares mansos, con su primero a pesar de su esfuerzo, nada pudo concretar. Sería en el de la despedida, con el que consolidó una faena emotiva, que trascendió al tendido e hizo vibrar a los aficionados, sobretodo, porque comenzaron a sonar las tradicionales Golondrinas, con el que se despide de una etapa de su vida al amigo. Tras las rúbricas, cortaría una oreja que paseó ante la entrega del público. Acto seguido, su señor padre, a quien le brindó ese toro de la despedida, le cortó el añadido.

Poco hay que decir

Con relación a, Fermín Rivera, muy poco habrá que escribir, dos toros mansescos, con los que insistió en hacer un toreo académico, y la gente se lo hizo notar que no era por ahí.

Al final, mientras mi hermana Tere y yo caminábamos para escribir esta crónica, recibimos la llamada desde Bogotá de nuestro querido amigo y compañero, Mauricio Sepúlveda, quien de forma efusiva nos comentó:

¡Qué bien ha estado Gerardo Adame!“.

Le asiste la razón.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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