En Madrid… Comienzo de la Feria de San Isidro “en silencio”

Primera de la Feria de San Isidro. No llegó a tres cuartos de plaza. Con novillos de Guadaira. Por lo general, descastados y con poca movilidad, con la cara alta en varas. A destacar el segundo de la tarde, que dio alguna opción de triunfo.

David Garzón: Silencio en ambos.

Carlos Ochoa: Silencio tras aviso y silencio.

Ángel Téllez: Silencio y silencio tras aviso.

Detalles:

A destacar en banderillas Andrés Revuelta en el segundo y Juan Navarro en el sexto, quienes tomaron la montera en la mano para saludar.

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Fue una tarde de contrariedades: ambiente festivo en el tendido al comenzar la mayor Feria taurina del mundo pero sin embargo poca transmisión en el ruedo. Esto fue correspondido con el silencio y la indiferencia del respetable, aburrido de ver insulsos novillos y jóvenes novilleros a los que les faltaron entrega.

El primero de la tarde, para David Garzón, peleó poco en el caballo, y no se lució en el posterior tercio de banderillas. Tras la lidia, el novillero, que se presentaba en Madrid, comenzó una faena en la que inició con una buena tanda por la mano derecha, pero sin llegar a conectar, y cada vez yendo a menos. La materia prima tampoco fue la mejor, y la conexión brilló por su ausencia. Pocas opciones tuvo Garzón de éxito. Poco recorrido tuvo el animal durante el desarrollo de la faena. La estocada fue baja, y obtuvo el silencio por parte del tendido.

Empezaron a ponerse sobre la plaza unos nubarrones negros al turno del cuarto de la tarde, un novillo para David Garzón, complicado y con la cara alta de salida. Le costó ir al caballo. El brindis fue para el público. Comenzó la faena por abajo, desde las tablas del 8. Comenzó citándolo en largo pero se dio cuenta de que el toro requería más cercanía, debido a su escasez de fuerzas. Fue peor por el pitón derecho. El novillo fue a menos dejando al tendido más pendiente del cielo que de lo que pasaba en el albero. Concluyó con una estocada tendida al tercer intento.

Contra los burladeros se golpeó hasta en dos ocasiones la cabeza el segundo, para Carlos Ochoa. Éste lo recibió con el capote de muy buen gusto. El público empezó a animarse al ver que el astado empujó con los riñones en el caballo. El animal tenía potencial para aguantar una buena faena de muleta; sin embargo, el joven novillero le exigió demasiado al comienzo, con cites largos que acabaron con el desgaste físico del novillo. Esto hizo, junto a su toreo estático, que se quedase descuadrado al tercer muletazo en cada tanda. Remató con bernardinas. La estocada, que fue aplaudida por su ejecución, estaba colocada de manera defectuosa quedando caída.

El segundo del lote de Ochoa fue ovacionado en la salida, y estuvo muy fuerte desde los inicios. Comenzó a tronar, y fue como si el cielo quisiese ovacionar también al novillo. Las hechuras fueron buenas pero pronto se vio que no iba a ser suficiente, hacía falta bravura. Nada más lejos de la realidad, el animal fue perdiendo fuelle conforme transcurrían los tercios, y tras empezar el novillero con mucha torería, poniendo el pecho por delante cuando ligaba tandas, se fue rajando hasta que el joven se quedó sin novillo. Puso actitud Ochoa ante un público del que goza favor, pero sin llegar a conectar y dejar patente algo de calidad. Pinchó en repetidas ocasiones, y fue silenciada su labor.

El tercero, para Ángel Téllez, resultó muy débil desde los inicios. Tanto en varas como en banderillas. Llego a voltearse, y quizá eso le afectó aún más dejándolo descolocado. Algo inválido durante la faena, no quiso pelear en ningún momento, y se quedó sin ritmo ni movilidad. Poco humilló el animal, y nuevamente, con actitud, Téllez puso empeño en desarrollar algo de mérito, pero en líneas generales, hubo aburrimiento en el tendido, y miradas que se dirigían a otro lado que no era el ruedo.

El sexto y último para Téllez no sería muy diferente. El novillo derribó al caballo. El público, o lo que quedaba de él tras la lluvia, estaba apagado, mostrando cierta indiferencia ante lo que ocurría en el redondel. El brindis fue para los asistentes. Dibujó un par de buenas tandas con la mano derecha en la muleta. Sonó el primer aviso volviendo a cosechar el sexto silencio de la tarde.

En conclusión, una tarde caracterizada por el silencio. En primer lugar, el silencio de los jóvenes novilleros en su expresión artística. Y por consiguiente, el tendido les devolvió el silencio, que ante tales novillos bobalicones y dóciles, se aburrió y alguno se mojó. Apoyemos la bravura en las ganaderías y los novilleros jóvenes. Eso sí, los que vienen a darlo todo en la Feria de San Isidro, la Feria taurina más importante del mundo. Espero en esta Feria que comienza volver muchos días a casa diciendo bien orgulloso: “He estado en los toros”.

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@pablobielsa5

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